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    Por lo visto se podria decir que el alcance del conocimiento sensible en la aprehensión de lo material es, pues, limitado. Por el tacto, se ha logrado la revelación existencial, mas la penetración esencial permanece impracticable. Ello se debe, sin duda, a que los sentidos (incluso el tacto), lejos de poseer una finalidad cognoscitiva teorética, tienden, por el contrario, a un objetivo práctico. En este sentido, para el sintiente, poco importa que sus sensaciones reproduzcan fidedignamente las cualidades

mismas de los objetos; el carácter afectivo de que hállanse revestidos (el placer y el displacer que en él provocan) basta para guiar y regular su actividad en pro de su conservación, fin último del existir del sintiente.

     La estatua, como es sabido, aprende, por las enseñanzas  del tacto, a referir todas sus sensaciones al exterior, considerando así que son las cualidades mismas de los objetos.

     El sentido, en cuanto tal, sólo capta sensaciones, y éstas, no siendo más que meras modificaciones de la conciencia, no pueden llevar en sí la impronta de la esencialidad de lo corpóreo. Ni siquiera la extensión puede atribuirse de modo absoluto a lo material; ella no es tampoco sino una cualidad sensible

¿logra el tacto penetrar en la esencialidad misma de lo material o, por el contrario, limítase tan sólo a presentar de ello un aspecto determinado y relativo?

      Condillac es en esto claro y contundente. La estatua, lejos de acceder con sus sentidos a la mismidad e intimidad de los cuerpos que el tacto le ha hecho descubrir, sólo capta en ellos las cualidades sensibles, inherentes sensu stricto únicamente en su propia conciencia. Las sensaciones aprehendidas por el resto de sentidos serán proyectadas por el del tacto al exterior, haciendo que inhieran entonces en los objetos mismos. Pues bien, el tupido velo de impresiones sensibles que  envuelve a los cuerpos, velo con que el yo de la estatua se identificaba antes de la aparición del tacto y que ahora cubre la realidad material recién descubierta, impide la penetración esencial, al tiempo que hace posible la cognoscibilidad de los entes corpóreos, definidos en su relación con el simiente. Así, como dice Condillac: «…La idea de tal naranja es el color, la forma, el sabor, el olor, la solidez, el peso, etc.»”^, cualidades sensibles, cuya realidad, por tanto, es ftinción también del sujeto percipiente. De lo corpóreo, pues, carécese de un conocimiento que trascienda el mero ámbito de lo sensible; ámbito que, por otra parte, parece incapaz de penetrar en la esencialidad misma de la materia. Cada objeto defínese como conjunto o colección de cualidades sensibles; y lo material, en general, como conjunto o reunión de cualidades propiamente táctiles:

…Ella (la estatua) ve, por ejemplo, la solidez, la extensión, la divisibilidad, la

figura, la movilidad, etc., reunidas en todo lo que toca; y tiene, por consiguiente,

la idea de cuerpo. Pero si se le preguntase lo que es un cuerpo y pudiese responder,

enseñaría uno, y diría, es esto, es decir, esto en que encontraréis al mismo tiempo

solidez, extensión, divisibilidad figum, etc.“.

    La naturaleza de lo corpóreo redúcese, pues, a lo sensible. Ni siquiera el filósofo que se jacta de una penetración de espíritu superior, puede ir con su saber más allá. Para él, como para la estatua, la realidad material sólo puede definirse por apelación a las cualidades sensibles que el tacto descubre en la sensación de resistencia y que hace proyectar al exterior. Sólo un lenguaje confuso e impreciso produce la apariencia de un conocimiento más exhaustivo

       Ya a propósito del sentido de la vista, Condillac había abordado el tema de la percepción de la extensión. En efecto, había mantenido que tal sentido aporta al cognoscente una cierta idea de extensión. No obstante, sobre este punto, Condillac ha experimentado una evolución constante. En el Essai sur ¿’origine des connaissances humaines sostiene que la vista, por sí sola, aporta al sujeto, de forma inmediata, la espacialidad y la extensión, con las figuras y los tamaños, las situaciones y las distancias . En cambio, en la primera edición del Traite, como ya sabemos, Condillac no concibe que una sensación de color, objeto propio e inmediato de la vista, aporte al cognoscente idea alguna de extensión:

…Que esté modificado (elyo de la estatua)por una superficie azul ribeteada de blanco, ¿acaso no se percibirá a si mismo como un azul ilimitado? Uno tendería en principio a creerlo; sin embargo el sentimiento contrarío es mucho más verosímil.

La estatua no puede sentirse extensa en cuanto a esta superficie, sino en

cuanto que cada parte le dé la misma modificación: cada una debe producir la sensación del azul. Pero si es modificada del mismo modo por un pie de esta superficie, por una pulgada, por una línea, etc., no puede representarse en esta modificación un tamaño más bien que otro. Por tanto, no se representa ninguno. Una sensación de color, pues, no conlleva una idea de extensión.

       Si esto es así por lo que respecta a un color simple, cuando se trata de varios, Condillac admite en la estatua una cierta percepción de extensión. Prodúcese aquí, por tanto, un fenómeno similar al que tenía lugar a propósito de la diferenciación y diversificación del sentimiento fundamental. En la captación una pluralidad de colores, la estatua, aunque vaga y confusamente, se siente de alguna manera extensa. Esta afirmación hállase ciertamente en abierta contradicción con lo que precede. En efecto, si cada impresión coloreada, aisladamente considerada, es inextensa, si la estatua no se siente delimitada por un color determinado, ¿no debe ocurrir lo mismo cuando se trata de varios colores? Una suma de ceros da siempre como resultado cero. De esta incoherencia Condillac se ha percatado pronto, reconociendo en la segunda edición del Traite que no cabe hacer extensión sino con extensión .

       La vista, por tanto, confiere al cognoscente una extensión meramente vaga, conftisa, una especie de materia de extensión . Por ello mismo, no aporta a la estatua tampoco las nociones de situación ni de movimiento; pues, la de situación, supone que se vea un objeto en un lugar determinado, y la de movimiento, que se capte visualmente el cambio de situación de ese objeto.

Tampoco confiere esta extensión a la estatua idea alguna de tamaño ni de figura, pues ésta no es sino un tamaño determinado y circunscrito, y el yo, que se identifica con la totalidad de colores que lo impresionan, se extiende indefinidamente sin ser circunscrito por nada .

       La sensación reveladora de lo corpóreo habrá, pues, de reproducir cabalmente el fenómeno de la extensión . Ahora bien, a juicio de Condillac, sólo por la sensación de solidez o resistencia cabrá hacerse cargo de esa extensión.

        Para Condillac el pensamiento y el discurso lingüístico sí está articulado, pero se separa en el intento de establecer cuál es el verdadero nexo; ambos, pensamiento y lenguaje progresan de un modo conjunto e  internamente, es por esto que Condillac sostiene que el lenguaje tiene un papel activo en el desarrollo del pensamiento y del progreso. Notan que se les ha entendido, y a la vez que el análisis posibilita la comprensión propia y de los demás y también posibilita la construcción de un lenguaje universal. Paso al método analítico. 
      Las lenguas métodos analíticos: es la lengua que reside la capacidad relacional constitutiva del pensamiento. Inicio como métodos exactos: forma de reconstrucción del origen de las ideas. Conversión en métodos defectuosos: las lenguas antiguas eran defectuosas pero más claras.
       Las lenguas conforman nuestro pensamiento. Las primeras lenguas vulgares han sido más adecuadas. Los filósofos son quienes han introducido el desorden en el lenguaje. Evolución por analogía: signos naturales, de institución y accidentales: cuanto más natural es el signo, más claro. 

     Es justo reconocer la importancia que el lenguaje toma en la filosofía  europea durante la segunda mitad del siglo XVIII. Los años centrales de esta centuria fueron testigos de una célebre controversia acerca del origen del lenguaje, iniciada por Condillac en 1746.

     Esta  controversia iniciada por Condillac dividió a los pensadores entre los que opinaban que el origen del lenguaje era una invención humana y los que suponían que se había dado a la humanidad por Dios. Condillac se inspira en la teoría nominativa de Locke. Herder, en su Abhandlung über den Ursprung der Spranche le dirige sus más fuertes críticas. Condillac supone la relación de significar que establece, por lo tanto, presupone un lenguaje que quiere explicar, y, termina Herder declarando, “en el argumento de Condillac ha contestado la pregunta antes que su libro haya empezado”, Condillac, a diferencia de Locke, quien  negaba la existencia de la “reflexión”, segunda fuente de conocimientos aparte  de las sensaciones; piensa sobre ella y escribe: “avec reflexión, ce qu’ils n’ avoient fait que par instinct”, [ellos empiezan insensiblemente a obrar (...) hacen, con reflexión, lo que antes hacían por instinto] La conexión con el lenguaje la vemos en el análisis del pp. 107 de su Essai. En su libro ofrece una fábula, un “mero” relato, para ilustrar cómo podría haber aparecido el lenguaje.

     Dos niños en un desierto profieren gritos como expresión natural de sus sentimientos. Esto es lo que Condillac denomina “signos naturales”. Pero el lenguaje usa “signos establecidos” y se supone que la historia debe explicar como éstos surgieron de aquéllos. Condillac argumenta que cada niño, al ver al otro gritar desconsoladamente. Entenderá este grito como un signo de algo (lo que causó el desconsuelo) y, entonces será capaz de dar el paso de usar este signo para referirse a la causa del desconsuelo. El primer signo ya habrá quedado instituido, los niños dispondrán así de su primera palabra y el lenguaje habrá nacido. El léxico, luego, aumentaría lentamente, término a término . Sin embargo, el no comprender el carácter que tiene el nexo de las sensaciones con los objetos del mundo exterior y exagerar el carácter subjetivo de éstas, condujeron a Condillac a un idealismo subjetivo.

(6º) Reflexion en torno a:

En este ensayo anteriormente presentado Condillac sitúa el problema lockeano del origen de las ideas en una nueva dimensión, la dimensión evolutiva. El progreso de la humanidad (y del individuo) no es una acumulación mecánica de los conocimiento alcanzados, sino que implica un desarrollo en la forma en que tales conocimientos se consiguen, una evolución de la facultad de pensar en definitiva. La razón, en cuanto facultad intelectiva, no es un producto acabado y conformado de una vez por todas, como propugnaba el cartesianismo ortodoxo, sino una capacidad o disposición que puede perfeccionarse, tanto individual como colectivamente. En este proceso evolutivo de la razón humana desempeña un papel esencial el lenguaje, porque el pensamiento, que consiste en la conexión de ideas, no es posible sin la utilización de signos: las ideas están unidas a los signos y, como probaré, únicamente por su intermedio se relacionan entre sí. Es en el lenguaje donde reside la capacidad relacional constitutiva del pensamiento. Ni los objetos, ni las ideas, en cuanto representación de esos objetos, permiten establecer conexiones conceptuales a las que se pueda denominar pensamiento. Los elementos epistemológicos últimos son las sensaciones, las impresiones que producen los objetos a los sentidos. A partir de las impresiones se puede construir el resto de los procesos cognitivos. Pero el lenguaje es fundamental en el análisis de las impresiones, en el proceso de distinguir entre las diferentes impresiones y en el de compararlas.

La propia constitución de las ideas requiere el concurso del lenguaje (estoy convencida de que el uso de los signos es el principio que desarrolla el germen de todas nuestras ideas).

Condillac denominó análisis al método que empleó para reconstruir el origen de las ideas. Este método analítico consistía esencialmente en un proceso de descomposición y de ordenación que permitía acceder a los elementos últimos del pensamiento, que se presenta, en general, en cuanto acto, como una totalidad unitaria e indiferenciada. La aplicación del método analítico consiste en el examen lingüístico, porque el lenguaje mismo incorpora un análisis de la realidad. Según Condillac, todo lenguaje es un método analítico y todo método analítico es un lenguaje. En las lenguas naturales, que han experimentado procesos históricos de modificación, la conexión entre los términos lingüísticos y experiencias ha quedado oscurecida, pero existe la posibilidad de construir una lengua bien-faite, en el sentido de que represente de forma prístina la realidad. En realidad, las teorías científicas no son sino lenguajes de esta clase que, a partir de elementos últimos, van construyendo progresivamente y de forma composicional su representación de la realidad (Lavoisier presentó su teoría química ateniéndose al modelo condillaciano de lenguaje).

Para mostrar cómo funciona el lenguaje en el desarrollo del pensamiento, Condillac distingue tres clases de signos, Los signos accidentales, o los objetos que, en circunstancias particulares, resultan ligados con algunas de nuestras ideas, de manera que pueden suscitarlas, los signos naturales, o los gritos que la naturaleza ha establecido para los sentimientos de alegría, temor, dolor, etc., y los signos de institución, o que nosotros mismos hemos elegido, y que sólo tienen una relación arbitraria con las ideas . Los dos primeros tipos de signos son propios de la individualidad, son los signos que emplearía cualquier ser humano que se viera privado de contacto con una comunidad lingüística. El tercer tipo, en cambio, corresponde al nivel de lo social, requiere el acuerdo o el consentimiento de más de un individuo. Posteriormente, en su Gramática, Condillac propuso calificar a los signos de institución como artificiales antes que como arbitrarlos. Lo que deseaba era, por una parte, subrayar la ausencia de relación natural entre el signo y la idea pero, por otra, observar que el signo no es inmotivado, sino que existe una adecuación natural del signo a la inteligencia, a los límites que ésta establece: ¿qué son signos arbitrarlos? signos escogidos sin una razón y por capricho. Entonces no podrían ser comprendidos. Antes bien, los signos artificiales son los signos cuya elección está fundamentada racionalmente: deben ser ideados de tal suerte que la inteligencia esté preparada para ellos mediante los signos que ya son. La clasificación establecida por Condillac se corresponde con su concepción de la evolución del lenguaje.

(5º) Reflexion en torno a:

condillac expuso el sensualismo como una doctrina filosófica que no admite como fuente de conocimiento más que las sensaciones recibidas del exterior y es por esto que Condillac se propone deducir rigurosamente de un solo principio –es decir, de la primera percepción sensible- la generación de todas las facultades y operaciones del alma, descubrir la idea que debe ser el germen de todas las demás. Todo se deriva de la primera experiencia sensible pasiva ocasionada por la acción de los objeto. Las ideas y el entendimiento no son más que sensaciones transformadas.

Así, dentro de su tratado de las sensaciones podemos ser testigos de su estilo pedagógico (que tal vez fue la ocasión para sus escasos resultado con el infante don Fernando) con su famosa metáfora de la estatua expuesta anteriormente en este blog. Este curioso ensayo sale del mecanicismo con que realiza su análisis que a decir de algunos cae en la sequedad, deduciendo de lo anterior que se realizó con fines didácticos pero que ha sido motivo de crítica por la ingenuidad metódica con que llega a sus conclusiones.

El primer paso realizado por el condillac en su metáfora es presentar los supuestos necesarios para explicar lo que el trata de decir con esto; muy importante colocarse exactamente en el lugar de la estatua que vamos a observar. Es preciso comenzar a existir con ella, no tener más de un solo sentido cuando ella solo tiene uno, no contraer sino los hábitos que ella contrae; en una palabra, es preciso ser solo lo que ella es. La estatua juzgará las cosas como nosotros solo cuando tenga todos nuestros sentidos y toda nuestra experiencia, y nosotros juzgaremos con ella solo cuando supongamos que estamos privados de todo lo que le falta

(4º) Reflexion en torno a:

Siguiendo con el tema de la metafora de la estatua se nos presenta un análisis de las sensaciones que llegan a nuestra persona a partiendo de la nada, para ello utiliza la figura de una estatua, la cual será expuesta a las sensaciones de una en una.

En su inicio, limita a la estatua en cuestión al sentido del olfato, no tiene constancia de nada excepto del olor que percibe, pongamos el aroma de una rosa. A su vez tampoco tiene constancia de la materia, concepto por cierto tan evidente. Por tanto la estatua se encuentra en un estado extremadamente limitado de sensaciones.

Primeramente debemos tener en cuenta que la impresión causada sobre la estatua afecta directamente a su órgano sensorial, lo cual nos indica atención. A partir de este punto empezara a gozar o sufrir, dependiendo de si el olor es agradable o desagradable. A todo esto la estatua todavía no conoce los distintos cambios por los que puede pasar, por lo que no tendrá conciencia de deseo, es decir, de desear estar mejor o desear otra sensación más agradable. A raíz de esto encontraremos un deseo de cambio en las sensaciones desagradables al poder la estatua contrastar unas sensaciones con otras. Esto significa que al tomar conciencia de que puede sentir placer, deseará sentir este cuando sienta dolor. Y tropezamos con el concepto de memoria, pues sin ella la estatua no sería capaz de retener la sensación de placer ya sentido, con lo que no se le presentaría el deseo de volver a sentirlo, y también sería incapaz de sentir miedo. A su vez se presenta la capacidad de dividir entre olor y memoria. Esto significa que cuando se le presente un olor distinto relacionará este con el sentido anteriormente, y al no ser consciente de su órgano del sentido, tan solo diferenciará una sensación de otra en cuanto a que una la siente débilmente y la presente con mayor intensidad. Esto la llevará a darse cuenta de que ya no es lo que era, diferenciando entre existir en un estado y recordar haber existido en otro. Así se diferencia entre activa y pasiva, siendo activa en el recuerdo de un olor, y siendo pasiva cuando experimenta una sensación, puesto que el olor presente se encuentra fuera de ella. Con esto aún no diferencia entre activa y pasiva, pues es incapaz de imaginar la acción de los objetos sobre ella misma.

La ya nombrada memoria nos lleva al acto del recuerdo, el cual se convierte en un habito al repetirse la acción sucesivas veces. Al mismo tiempo compara dos distintos olores que percibe con los anteriores, con lo que divide su capacidad de sentir, y este acto de comparar fuerza un juicio que establece una relación entre los olores percibidos, así marca la diferencia entre dos ideas que se comparan. Y del mismo modo en que el recuerdo se volvía un hábito, el juicio también lo hace.

Diferenciamos a su vez entre dos tipos de placeres y dolores, los sensibles y los intelectuales o espirituales. Los primeros pertenecen al cuerpo, y los segundos se refieren a la memoria y a las facultades del alma. Observamos también que el placer puede aumentar o disminuir en grados. Esto quiere decir que cuando el placer disminuye tiende a extinguirse y desaparecer con la sensación. Por el contrario, cuando aumenta es cuando se percibe con más fuerza, pudiendo llegar incluso a causar dolor por no estar el organismo preparado.

. El mismo proceso se repite con el dolor, pero en su caso, si es débil se aproximará al placer, y si es fuerte puede llegar a su destrucción.

Estas sensaciones se diferencias por comparación de su grado de debilidad o intensidad. A continuación surgirá la necesidad, que será causa del recuerdo de situaciones pasadas más agradables, llevándola a esto a querer volver a sentirlas, y surgirá esta necesidad de bienestar y comodidad. Según el grado de esta necesidad el alma operará de una forma u otra. Si la necesidad es muy grande por estar sintiendo un fuerte dolor, la estatua pondrá todo su empeño en cambiar la situación presente por una de placer que reside en su memoria

Aprendemos a ver como aprendemos a escribir y a leer. Los rápidos juicios, casi coincidentes, que a determinada edad emitimos sobre la distancia, el tamaño y la posición de los objetos, nos hacen creer que nos basta con abrir los ojos para ver las cosas como realmente las vemos. Pero esto es una ilusión. Si todos los hombres hablaran el mismo lenguaje, nos sentiríamos inclinados a creer que existe un enlace necesario entre palabras e ideas.

En lo que se refiere a la experiencia sensible, nos encontramos en el mismo caso: todos hablamos el mismo lenguaje. La naturaleza nos dice a todos: veis un determinado color, vuestra imaginación os representará los cuerpos, a los que parecen pertenecer estos colores, de determinado modo; y el juicio rápido e involuntario que en este caso se pronuncia y mediante el cual apreciamos la distancia, el tamaño y la posición de las cosas, es útil e imprescindible para todo comportamiento, esto es principal mente lo que trata de explicar condillac en su metáfora de la estatua, en este caso sobre el tacto y movimiento

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