Ya a propósito del sentido de la vista, Condillac había abordado el tema de la percepción de la extensión. En efecto, había mantenido que tal sentido aporta al cognoscente una cierta idea de extensión. No obstante, sobre este punto, Condillac ha experimentado una evolución constante. En el Essai sur ¿’origine des connaissances humaines sostiene que la vista, por sí sola, aporta al sujeto, de forma inmediata, la espacialidad y la extensión, con las figuras y los tamaños, las situaciones y las distancias . En cambio, en la primera edición del Traite, como ya sabemos, Condillac no concibe que una sensación de color, objeto propio e inmediato de la vista, aporte al cognoscente idea alguna de extensión:
…Que esté modificado (elyo de la estatua)por una superficie azul ribeteada de blanco, ¿acaso no se percibirá a si mismo como un azul ilimitado? Uno tendería en principio a creerlo; sin embargo el sentimiento contrarío es mucho más verosímil.
La estatua no puede sentirse extensa en cuanto a esta superficie, sino en
cuanto que cada parte le dé la misma modificación: cada una debe producir la sensación del azul. Pero si es modificada del mismo modo por un pie de esta superficie, por una pulgada, por una línea, etc., no puede representarse en esta modificación un tamaño más bien que otro. Por tanto, no se representa ninguno. Una sensación de color, pues, no conlleva una idea de extensión.
Si esto es así por lo que respecta a un color simple, cuando se trata de varios, Condillac admite en la estatua una cierta percepción de extensión. Prodúcese aquí, por tanto, un fenómeno similar al que tenía lugar a propósito de la diferenciación y diversificación del sentimiento fundamental. En la captación una pluralidad de colores, la estatua, aunque vaga y confusamente, se siente de alguna manera extensa. Esta afirmación hállase ciertamente en abierta contradicción con lo que precede. En efecto, si cada impresión coloreada, aisladamente considerada, es inextensa, si la estatua no se siente delimitada por un color determinado, ¿no debe ocurrir lo mismo cuando se trata de varios colores? Una suma de ceros da siempre como resultado cero. De esta incoherencia Condillac se ha percatado pronto, reconociendo en la segunda edición del Traite que no cabe hacer extensión sino con extensión .
La vista, por tanto, confiere al cognoscente una extensión meramente vaga, conftisa, una especie de materia de extensión . Por ello mismo, no aporta a la estatua tampoco las nociones de situación ni de movimiento; pues, la de situación, supone que se vea un objeto en un lugar determinado, y la de movimiento, que se capte visualmente el cambio de situación de ese objeto.
Tampoco confiere esta extensión a la estatua idea alguna de tamaño ni de figura, pues ésta no es sino un tamaño determinado y circunscrito, y el yo, que se identifica con la totalidad de colores que lo impresionan, se extiende indefinidamente sin ser circunscrito por nada .
La sensación reveladora de lo corpóreo habrá, pues, de reproducir cabalmente el fenómeno de la extensión . Ahora bien, a juicio de Condillac, sólo por la sensación de solidez o resistencia cabrá hacerse cargo de esa extensión.